Tom Rothrock

Afincado en Ibiza, el legendario productor de rock and roll Tom Rothrock comparte sus historias entre Los Ángeles y la isla dando forma a discos icónicos e influyendo discretamente en las generaciones futuras.
Por Dan Prince
01/09/2026

De Los Ángeles a Ibiza, ¿cuándo comenzó tu historia de amor con la isla?

Cada cual tiene su propia relación con Ibiza: romance, fricción o ambas cosas. Llegué hace unos veinte años. Mis amigos llevaban toda la vida diciéndome “¿Te dedicas a la música? Ibiza te va a encantar”. Tenían razón. En cuanto vi los bosques de pinos entre San Miguel y Benirrás supe que era el lugar. Incluso hoy sigo sintiendo la misma emoción cada vez que regreso. Ningún otro sitio me ha atrapado así.

Antes de alcanzar el éxito limpiabas estudios. Aquel primer contacto con la industria, ¿te desmitificó el rock and roll?

Llegué a Los Ángeles cuando tenía 21 años y pasé semanas repartiendo currículos por estudios hasta quedarme sin dinero. El último día recibí una llamada para el puesto más bajo en Cherokee Studios. Mi primera tarea fue arrastrarme entre arbustos recogiendo colillas bajo el sol del mediodía. Minutos después me presentaron a un héroe de la guitarra. Así era Hollywood: humillación seguida de magia. Por entonces, Guns N’ Roses empezaban a despuntar a nivel local. Se notaba que algo estaba ocurriendo. Era crudo, eléctrico.

Tus oídos nunca se apagan: ¿don o maldición?

Ambas cosas, según el día, jajaja.

Loser, con Beck, surgió de la pura experimentación. ¿Fue esa libertad la clave?

Absolutamente. Lo grabamos en una sola sesión de seis horas y media en una mansión española alquilada. Sin presión, solo instinto. Era como si nos hubiéramos colado en una casa ajena para montar una fiesta. En cuanto tuvimos el primer sketch la gente empezó a bailar por la habitación. Esa espontaneidad lo es todo.

La vida nocturna de Ibiza frente al silencio: ¿qué te inspira más?

Ambas. Me muevo entre la soledad de la naturaleza y la energía de los amigos.

Tienes una larga relación con James Blunt. ¿Qué la mantiene viva?

Fue él quien me trajo a Ibiza, así que le debo eso. Además, es un placer trabajar con él en el estudio, algo que no siempre está garantizado en este entorno.

Trabajar en el primer disco de Foo Fighters, ¿te pareció como empezar de cero?

En cierto modo. Conocí a Dave Grohl en el apogeo de Nirvana. En cuestión de minutos cogió una guitarra y empezó a tocar riffs que acabarían siendo canciones de Foo Fighters. Recuerdo pensar: “Ya es uno de los mejores baterías… ¿y también puede hacer esto?”. Tras Nirvana, formar parte de ese primer disco me pareció como la continuación de una familia creativa.

¿Cómo ha cambiado Ibiza tu relación con la música?

Siempre he sido fiel a la música, pero Ibiza me abrió nuevos horizontes. Antes buscaba la intensidad por encima de todo. La isla me mostró un lado más ligero, algo que ni siquiera sabía que necesitaba.

¿De dónde proviene la música más emocionante en la actualidad?

La musa se mueve a la velocidad del pensamiento. En algún lugar cercano alguien está creando lo próximo. Eso es lo que mantiene la emoción.

¿Eres más residente u observador?

Ambas cosas, pero prefiero “testigo”. Observar implica juicio; ser testigo, no.

¿Algún proyecto sorprendente en el que hayas trabajado?

Escuchar Goodnight Moon de Shivaree en un club de Ibiza y darme cuenta de que era mío. Fue un momento extraño. Lo mismo me pasó cuando estaba viendo It’s all gone Pete Tong y sonó Troubles, de Beta Band.

¿Y ahora qué?

Un nuevo proyecto, The Heartbeat, con Diamond Duggal, además de nuevas colaboraciones y el regreso de mi fiesta FuzzyLand.

@tomrothrock

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