Ven tal como eres

Con Boogie&Brunch, Linus Eliasson ha reinventado las mañanas de Ibiza creando espacios llenos de alegría donde los desconocidos acaban convirtiéndose en amigos y cualquiera puede sentirse como en casa.
Por Dan Prince
16/09/2026

Hay muchos lugares en Ibiza donde perderse. Pero son muchos menos los que invitan a encontrarse a uno mismo. En esa diferencia, tan sutil como esencial, reside todo lo que Linus Eliasson ha construido con Boogie&Brunch. Lo que comenzó como un encuentro diurno poco convencional se ha convertido en una de las experiencias más comentadas de la isla, atrayendo tanto a quienes regresan verano tras verano como a quienes la descubren por primera vez. Sobre el papel, la propuesta parece sencilla: música, movimiento, brunch y comunidad. Pero basta una mañana de domingo allí para comprender que sucede algo mucho más profundo.

«Creo que existe un deseo de profundidad tan intenso como el de fiesta», afirma Linus. «Ibiza siempre ha sabido cómo divertirse, pero hubo un momento en que ese ambiente acabó resultando destructivo para muchas personas. Boogie&Brunch no pretende sustituir la vida nocturna. Solo quiere recordar que la alegría no pertenece exclusivamente a un momento del día.»

La propuesta ha conectado con tanta fuerza porque cuestiona una de las grandes certezas de Ibiza: que el baile pertenece a la noche. Aquí se baila a plena luz del día, plenamente presente y sin la presión de impresionar a nadie. Los móviles desaparecen, las conversaciones fluyen de manera espontánea, se comparte mesa con desconocidos y, cuando llega la hora del brunch, el ambiente se parece mucho más al de una comunidad que al de un simple evento. Para Linus, los momentos más importantes casi nunca son los más evidentes. «Nunca son los grandes momentos», sonríe.

”AQUÍ SE BAILA A PLENA LUZ DEL DÍA, SIN LA PRESIÓN DE IMPRESIONAR A NADIE. LOS MÓVILES DESAPARECEN Y LAS CONVERSACIONES FLUYEN DE MANERA ESPONTÁNEA”.

«Es ver a alguien que parecía nervioso al llegar y que, de repente, se olvida de que le están mirando y empieza a moverse con libertad. Es ver a unos desconocidos se hacen amigos durante el brunch. Es ver a alguien bailando con los ojos cerrados. Ese suele ser el momento en el que pienso: ‘Vale… por esto estamos aquí'».

Y esos momentos no surgen por casualidad. «Los detalles importan mucho más de lo que suele imaginarse», explica. «La forma en que recibimos a quienes llegan. Cómo les damos la bienvenida. Que no haya móviles. Compartir la comida. Empezar todos juntos en lugar de ir llegando por separado». Cuando la gente se siente a gusto, deja de fingir. Quizá ahí resida la diferencia de Boogie&Brunch. En lugar de invitar a convertirse en una versión más interesante o más entretenida de una misma experiencia, ofrece, casi sin que se note, el permiso para dejar de esforzarse. «El ambiente no es algo que creamos entre todos», dice. «Es algo que protegemos». Su filosofía va mucho más allá del brunch.

«La música abre el corazón. El movimiento libera la mente. La comida nos mantiene con los pies en la tierra. La conversación transforma a los desconocidos en una comunidad. Nada de esto es nuevo. Simplemente estamos recordando algo que siempre hemos sabido». Esa misma manera de entender las cosas define también la cultura que rodea a Boogie&Brunch. En Ibiza, una isla tradicionalmente asociada a la exclusividad y al ambiente VIP. Linus ha optado conscientemente por otro camino. «No creo que la gente busque experiencias exclusivas», dice. «Creo que lo que buscan es sentir que forman parte de algo. Y hay una gran diferencia».

Al marcharse, nadie habla de quién estaba allí. La gente se va hablando de cómo se sintió. Esa misma filosofía guía también el futuro del proyecto. Aunque Boogie&Brunch continúa creciendo, a Linus no le interesa hacerlo a costa de perder la cercanía. «Crecer no significa necesariamente tener éxito. Si algún día perdemos esa intimidad… Si deja de existir ese encuentro auténtico… Si esto se convierte en algo que se consume en lugar de algo que se crea entre todos… Entonces probablemente habremos crecido demasiado. Prefiero proteger esa esencia antes que perseguir las cifras», afirma.

Lejos de la pista de baile, la vida transcurre a un ritmo mucho más pausado. Nadar, dar largos paseos, disfrutar de la naturaleza y charlar con amigos cercanos es lo que le permite recargar las pilas. «La gente suele pensar que, por lo que hago, siempre estoy de fiesta», dice entre risas. «Pero estos encuentros solo funcionan porque entre uno y otro hay espacio para respirar». Quizá por eso Boogie&Brunch parece menos un negocio y más una extensión natural de la forma en que su fundador entiende la vida. A medida que nuestra conversación llega a su fin, Linus comparte una última reflexión.

«Creo que nadie necesita que lo arreglen. Lo que hace falta son entornos donde exista la seguridad suficiente para recordar quién se es en realidad. Al final, no se trata del brunch, ni de la música, ni del cine, ni siquiera de Ibiza. Se trata de crear las condiciones para que exista la libertad de volver a casa, a quien realmente se es». Quizá esa sea la verdadera razón por la que Boogie&Brunch ha conquistado Ibiza. En un mundo que nos pide constantemente que seamos otra persona, Linus Eliasson ha creado, casi sin hacer ruido, un lugar que simplemente nos invita a llegar tal como somos.

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