Colgados de Formentera: descender por escarpadas paredes naturales como vía de escape

Una veintena de personas conforman la asociación Colgados de Formentera. Bajar haciendo rápel el acantilado de la Mola, la cueva de es Fum y otros enclaves de la isla es su gran afición.
NATIV
19/09/2023

El acantilado sobre el que se encuentra el faro de la Mola en Formentera, donde el territorio insular llega a su fin para dar paso a la inmensidad del Mediterráneo, es uno de los lugares más impresionantes de la isla. Este lugar icónico aparece en la novela de aventuras Héctor Servadac, del escritor francés Julio Verne, publicada en 1877. Desde la cima hasta el mar hay unos 120 metros de caída. Una distancia que más de un valiente privilegiado ha logrado descender.

Se trata de los integrantes del colectivo Colgados de Formentera, conformado por más de una veintena de personas que han bajado haciendo rápel la parte abrupta del acantilado de la Mola. Y ya no sólo por afición a esta modalidad deportiva, también por una causa en beneficio del medio ambiente: colaborar en la limpieza del litoral.

La asociación Colgados de Formentera, nacida en septiembre de 2011, surgió después de que uno de sus integrantes consiguiera un trabajo en altura, lo que le obligó a comprar material para poder llevar a cabo la tarea. Gracias al boca a boca se fue sumando gente que mostraba interés por hacer rápel y descensos a través de cuerdas que cuentan con un sistema de frenado. Hasta hoy.

colgados de formentera

El tesorero del colectivo, Javier Alcázar, lleva 38 años residiendo en la isla. Es natural de Cuenca, pero no había hecho rápel jamás. “Empecé en 2011 con Colgados de Formentera”, señala. “Empecé con un par de amigos, aunque por aquel entonces no éramos amigos; nos conocimos después”, precisa. Para Alcázar, descender acantilados o adentrarse en cuevas de la isla le permite “desinhibirse de todo; es una buena cura de estrés”, reconoce.

Además del acantilado de la Mola, Colgados de Formentera también desciende los 70 metros de es Cap. En las paredes naturales de la isla los amantes del rápel acceden a enclaves mágicos donde poner a prueba su resistencia y su pasión. Como la cueva de es Fum, una de las más famosas y grandes, con una bajada de 50 metros más otros 20 metros de tramo aéreo donde se pierde el contacto con la pared. O la cueva de ses Mamelles, a la que se accede tras caminar unos 30 minutos y descender otros 30 metros de longitud. O el Avenc del Mirador, también conocido como sima del Mirador.

Dada la agilidad de los escaladores para descender por las escarpadas paredes de la isla, el colectivo Colgados de Formentera ha colaborado en varias ocasiones con limpiezas del litoral donde la imposibilidad de recoger los residuos por tierra obliga a hacerlo desde el mar o colgando de cuerdas.

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