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¡Ibiza no morirá jamás! ¡Está más viva que nunca!

Es la isla que a todo el mundo le encanta criticar. “Ibiza está acabada”, gritan cada verano. Bueno, pues no. ¡Ibiza no morirá jamás! ¡Está más viva que nunca! 
Nick Clayton
10/10/2022

Es la isla que a todo el mundo le encanta criticar. “Ibiza está acabada”, gritan cada verano. Bueno, pues no. ¡Ibiza no morirá jamás! ¡Está más viva que nunca

Cuenta la leyenda que, ya en tiempo de los romanos, dos soldados desconectaban escuchando a DJ Alfredus en la terraza de una taberna de la isla. Mientras la música de la lira alcanzaba su punto álgido y el sol se zambullía en el mar, uno de los soldados se volvió hacia el otro y le dijo: “Tendrías que haber estado aquí el año pasado”.

Desde los albores del tiempo, Ibiza nunca ha sido lo que solía ser. Es un lugar donde nada cambia, y sin embargo nada sigue siendo lo mismo. 

Cada año, los titulares anuncian sin freno: “Se acabó la fiesta en Ibiza”. O, surge una “nueva Ibiza” en Ayia Napa, Mikonos, Croacia, Dubái… en la ciudad que sea. Pero, no se puede volver a crear el paraíso ni tampoco se puede destruir, a pesar de los esfuerzos de los políticos, las normas urbanísticas, los cierres de clubs impuestos por la policía durante temporadas enteras, las crisis económicas o los caprichos de la moda.

La isla siempre ha atraído a hippies, gente espiritual o estrellas del pop, todas, buscando algo único.

Dale situaciones adversas a la isla y no solo sobrevive, sino que prospera, se adapta y se reinventa. A la vez intemporal y nueva, la isla es la prueba geográfica definitiva de que el amor y la buena sintonía son capaces de vencer a cualquier desafío. La música siempre ha sido el corazón de Ibiza. Todo DJ, intérprete o productor sabe que, si consigues triunfar aquí, podrás hacerlo después en cualquier lugar del planeta.

Hay otras islas hermosas en el Mediterráneo, pero ninguna posee la combinación única de Ibiza: la historia, la gente y la energía mística que, según dicen, emana del suelo de cuarzo que se esconde debajo de la isla. O tal vez de su misteriosa es Vedrà, que es el tercer punto magnético más potente del mundo.

Esto fue lo que atrajo a los dioses aquí para irse de fiesta. De hecho, Ibiza incluso toma su nombre de uno de estos dioses, Bes, representado siempre con una erección, y venerado junto con Tanit, diosa guerrera de la danza y la fertilidad. A ellos se atribuye la legendaria tolerancia de los ibicencos, que siempre han ofrecido un lugar donde escaparse, acogiendo a los judíos que huían de la Inquisición, abriendo el primer bar donde los hombres “bailaban con hombres”, y contratando a músicos negros de jazz liberados de la América segregada, a los que más adelante se unieron hippies, desertores de Estados Unidos y refugiados de las dictaduras de América del Sur. 

Una galaxia de estrellas de Hollywood descubrió aquí un santuario que los protegió de los destellos de los paparazzi, y a ellos se unieron miembros de la realeza del rock y del pop: Rolling Stones, Led Zeppelin, Pink Floyd, Queen, Bee Gees y Spandau Ballet. Cada uno dejó su impronta cultural propia, y todos vieron con preocupación cómo se avecinaba la siguiente ola de invasores.

La década de los 70 trajo una avalancha de visitantes. Pero, en lugar de destruir la isla, las hordas que acudieron atraídas por los paquetes turísticos sentaron las sorprendentes bases de la capital mundial del baile.  La mezcla ya estaba presente. Los hippies habían traído su libertad; la cultura gay aportó su extravagancia, su espíritu fiestero y su música Boystown; el culto religioso de Bhagwan Rajneesh introdujo el éxtasis, y un exiliado argentino llamado Alfredo creó el sonido.

Cuando llegué por primera vez a la isla en 1979, todos se juntaban en templos de la noche que estaban llenos de europijos ricos y estrellas del pop olvidadas, aunque yo nunca llegué a pisar Pachá, Amnesia o Ku. Ibiza nunca ha sido barata. Ya en esa época costaba alrededor de 15 libras entrar en Amnesia. Yo en Londres ganaba menos de 80 libras a la semana como periodista novato.

Las hordas de música dance no lograron expulsar a los ricos de sus templos, que eran caros pero en ningún caso exclusivos. Gozar bailando bajo las estrellas estaba al alcance de todos, desde un millonario hasta un fontanero, y era imposible distinguir a uno de otro.

Esto no podía durar. Ibiza se convertía en víctima de su propio éxito, y no sería la primera vez. En los clubes, el dinero fluía y se instalaron nuevos equipos de sonido más potentes.  Las autoridades pusieron el freno, insistiendo en que se techaran los recintos para proteger a los vecinos del ruido. El baile había muerto, o eso parecía. Ku quebró, pero la música siguió su ritmo. Los nuevos propietarios del club más grande del mundo simplemente lo rebautizaron como Privilege. Los cambios estructurales en los clubes no hicieron más que ofrecer otras posibilidades para Manumission y a otros circos. Sin embargo, las autoridades no se limitaron a reclamar que pusieran techo. Redujeron los horarios de apertura hasta acabar haciendo que fuese ilegal seguir de fiesta libremente las 24 horas al día. Aun así, la isla estaba cada vez más concurrida.

Los gustos estaban cambiando. No todos los visitantes querían bailar día y noche aturdidos por el combustible de las drogas. De los quioscos y chiringuitos nacieron los clubes de playa. Cambiaron la Coca-Cola, la cerveza y los bocadillos envueltos en plástico por tumbonas con glamour, champán y cocina sibarita.

Tan solo una década antes, ese último concepto hubiese sido totalmente ajeno a Ibiza. Hasta los mejores restaurantes locales servían poco más que guisos de pescado o carne gomosa de cerdo, más goma Michelin que estrella Michelin. Hoy la isla se ha convertido en un paraíso gourmet con chefs de renombre mundial.

Los manidos bloques de pisos para clientes de paquetes vacacionales han renacido como lujosos hoteles de cinco estrellas. Cuesta creer que hace poco más de una década había sólo uno, la Hacienda Na Ximena. 

Gracias a esto, Ibiza ha conseguido adaptarse al cambio de tendencias, desde las tradicionales estancias de quince días a las pequeñas escapadas a la playa. Hoy en día los visitantes quieren volver de sus escapadas revitalizados, no necesitando otras vacaciones.

Ibiza siempre ha combinado el hedonismo desenfrenado con el aire limpio, las montañas y los bosques. Hoy estos lugares son el escenario de relajantes retiros para revitalizar el alma. Esto no es más que la continuación del viaje espiritual que Ibiza emprendió hace mucho tiempo. Ibiza nunca cambia y nunca sigue siendo la misma.

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